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Niñas explotadas sexualmente en Limón

Es lamentable que las comunidades actúen con tanta normalidad y tolerancia frente a la violencia sexual que sufren cientos de niñas y adolescentes al ser consideradas como objetos de placer y ser mercantilizadas por su propio círculo familiar.
Desde nuestro posicionamiento como fundación que atiende a víctimas de explotación sexual comprendemos que la cosificación y mercantilización del cuerpo humano, principalmente, el cuerpo femenino obedece a un conjunto de prácticas sociales propias de una cultura patriarcal y androcentrista, que incluye el ejercicio abusivo del poder y la violencia frente a quienes, suelen ser más débiles y vulnerables, es decir, las personas menores de edad, en este caso, específicamente, niñas y adolescentes.

Esta victimización se considera que es una severa violación a los derechos de las personas, dado que traspasa las fronteras de la dignidad humana e impide la posibilidad de un desarrollo integral ya que la violencia sexual manifestada como explotación sexual genera daño físico, psicológico y/o emocional sobre la víctima, por lo que, es destructivo y afecta la integridad personal de las niñas y adolescentes. Esta manifestación de la violencia sexual hacia niñas y adolescentes presenta una serie de características que perpetúan su ocurrencia, tales como:

 

  • Es un acto planificado y preparado, no se da por generación espontánea sino que en la concepción de la cultura machista y violenta se deshumaniza a estas personas al colocarla en condición de objeto y no de sujeto.
  • Es progresivo, o sea va en aumento conforme pasa el tiempo. · Puede ser prolongado en el tiempo.
  • Se comete en secreto, es un acto que se manifiesta en el ámbito de lo privado, de lo oculto.
  • Los ofensores o explotadores son la persona que vende y la persona que compra a las niñas porque las manipulan, seducen y engañan.
  • Los ofensores o explotadores culpan y responsabilizan a las víctimas por el abuso.

Es necesario que nos informemos y sensibilicemos sobre este tema para así crear factores protectores para la población vulnerable y no continuar perpetuando y naturalizando este tipo de violencia, por lo que como ciudadanos debemos comprometernos con una cultura de denuncia y protección de las niñas y adolescentes en esta condición. La explotación sexual en Costa Rica es un delito, por eso, denuncia. Es tiempo de alzar la voz por las personas que se le ha negado ese derecho por el simple hecho de haber nacido mujer.

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